“SERÁS LO QUE DEBAS SER, O SI NO, NO SERÁS NADA”

 

 

17-AGOSTO-2020

 

 

Hace 170 años fallecía en Boulogne Sur Mer a los 72 años el Brigadier General Don José de San Martin, los argentinos perdíamos así el representante más excelso de la argentinidad.

Y tal vez debemos preguntarnos ¿Por qué un niño nacido en Yapeyú en 1778 palpita en nuestro corazón argentino y trasciende a su muerte alumbrándonos con una llama inextinguible?

Todos sus logros alcanzados son como obras de arte irrepetibles y perfectas que podrían, por si solas, explicar esta vigencia. Sus epopeyas militares han escrito los libros más importantes de la historia sudamericana, su legado como político, pensador y ensayista lo destaca por encima de todos.

Si repasamos brevemente algunas de sus innumerables vivencias nos encontraremos con hechos que parecieran exceder holgadamente lo normal y, claro, el Santo de la espada está por encima de toda norma.

Abandona una exitosa carrera militar en España para volver a su patria que estaba naciendo y ni bien llegado crea el Regimiento de Granaderos a Caballo, un grupo de elite que se distinguiría en todo campo de batalla.

Concibe un plan estratégico para la liberación de Argentina, Chile y Perú y lo lleva adelante con epopeyas gigantescas como fue, ni más ni menos, el cruce de Los Andes. Logrando la libertad de países que recién se asomaban al desafío de ser dueños de sus destinos.

Cada uno de estos hechos son, por su propio peso, hitos que podrían explicar la grandilocuencia de nuestro máximo héroe, y la lista de acciones, decisiones y posiciones adoptadas sería interminable.

Pero es en los valores que encarnaba permanentemente su acción, lo que lo coloca por encima de todo elogio posible y donde los adjetivos de excelencia se agotan.

El Gran General demostró siempre una integridad y coherencia entre sus pensamientos, sus sentimientos y sus procederes que nos obligan a considerarlo más allá de un brillante militar, político y estratega en un HOMBRE DE BIEN que hizo de su vida un ejemplo permanente que nos sirve de guía e ilumina constantemente entre las dificultades o los dilemas que el destino nos pone por delante.

Su apego a la disciplina fue uno de los valores que el prócer nos legó. La impuso a sus hombres, instando a las buenas acciones, a castigar los delitos y las faltas, a respetar a sus semejantes cualquiera sea. Pero este gran forjador de disciplina siempre fue magnánimo. Supo castigar sin vacilación, pero también supo perdonar.

Su valoración de la educación lo definía como un hombre convencido de que un pueblo instruido generaba los anticuerpos para enfrentar todo tipo de tiranía.

Su determinación fue tal vez su rasgo más característico.

Ideó un plan, trazó sus objetivos y trabajó para cumplirlos. Se propuso la descabellada idea de cruzar los Andes con un ejército soberano para libertar Chile y Perú del dominio español. Lo soñó cuando estaba lejos de contar con los medios, ese ejército todavía no existía, Sin embargo les dio una visión a todos, ciudadanos, soldados, civiles, políticos, militares y pudo lograr convencerlos de que ese sueño era posible y que serían protagonistas de él. Fue una tarea que le demandó ocho años, en los que nunca vaciló en seguir adelante con su plan. Un líder con visión, pasión y determinación sin par. Un LIDER con mayúsculas.

Poseía una singular comprensión del poder y de la política que exigía de incesantes negociaciones y frustraciones a la hora de materializar la promesa de libertad que germinaba con fuerza en los espíritus patriotas.

Siempre se negó a participar en enfrentamientos internos. Aunque se había formado desde los 13 años para ser soldado despreció la idea de combatir a sus hermanos cuando fue instado por Rivadavia, o cuando Lavalle quiso convencerlo. Prefirió el renunciamiento antes que empuñar la espada contra sus compatriotas

Serian innumerables los pasajes de su vida que nos dejan una inmensa enseñanza y es por ello que hoy nuestro mejor homenaje es conocerlo, estudiarlo, saber de sus consejos y como se comportaba en su vida, siempre dando y entregando lo mejor de sí y brindándose en forma completa a los principios y valores en los que creía.

Él es nuestro legado del cual debemos sentirnos orgullosos y comprometidos y por el cual debemos velar como la joya más valiosa e irrepetible de nuestra nación.

Integridad, humildad, valor, honestidad, la lista de virtudes que engalanan su vida es un ropaje de gala que nos deslumbra y configura su herencia a todos quienes, desde el lugar que ocupen, tratan de ser mejores, de ser más.

Reconocer y dar testimonio de nuestra vida ante el General San Martin es nuestra obligación y compromiso, ya que el camino es claro y no tiene dobleces ni presenta confusiones.

En este convulsionado mundo donde el relativismo y la mediocridad de intereses espurios oscurece el horizonte y confunde los corazones, el modelo a seguir esta allí, en la figura del líder de líderes, nuestro Gran General.

Cada momento que pasa, su ejemplo, en lugar de ser opacado por los días que corren, se yergue ante nosotros en una forma clara y firme venciendo toda barrera temporal con una vigencia digna de los héroes épicos.

Nuestros Héroes de Malvinas nos enseñaron que el calibre de un soldado se mide por su integridad demostrándonos que la semilla del General Don José de San Martin había caído en suelo fértil. Esos hombres comprendieron.

Argentinos, el camino es claro, nuestro Padre de la Patria nos lo ilumina desde la eternidad y debemos ser consecuentes con ello. El devenir de las elecciones que tomemos en la vida será nuestro testimonio de que entendimos que si bien es muy importante el HACER en nuestra vida lo fundamental es el SER.

El mejor homenaje a tan ilustre héroe es entregar, sin reservas y en plenitud, nuestro servicio a la nación.

Gracias a nuestro GRAN GENERAL.

 

Brigadier (R) Darío Eugenio Alcalde

 

 

 

 

 

 

 

 

   
Fuente: ESGA